Sasha Spesivtsev: “El Caníbal de Siberia”


“La carne con olor a tierra
conoce la plegaria”.
Homero Aridjis


Alexander Nikolayevich Spesivtsev “Sasha” (Александр Николаевич Спесивцев) nació el 1 de marzo de 1969 en Novokuznetsk, Siberia (Unión Soviética). Se crió en un ambiente de abuso, con un padre violento que torturó a toda la familia. Cuando era adolescente, Sasha fue confinado en una institución mental durante tres años, después de torturar y matar a su novia.







Sasha Spesivtsev cuando era niño

Cuando lo liberaron, compartió un piso con su madre, Ludmila, y con su perro doberman. Ya adulto, Sasha comenzó una cruzada personal para limpiar a Rusia de la permisividad del capitalismo. Su blanco fueron los niños de la calle. Para ello contó con la ayuda de su madre.



Ludmila Spesivtsev

Ochenta personas terminarían muriendo en sus manos. Su madre atraía a algunas de las víctimas hasta su departamento con diferentes pretextos, pasando desapercibida debido a su discreta apariencia. Escogía a personas sin hogar en las calles y estaciones de trenes locales. Ludmila lanzaba los restos al río Aba por la noche.



Sasha Spesivtsev en su juventud



Las sospechas de un asesino en serie surgieron en el verano de 1996, cuando partes de varios cuerpos aparecieron en el río Aba, cerca de la escuela donde la madre de Sasha trabajaba. Durante las etapas iniciales de la investigación, uno de los vecinos de Sasha se quejó con la policía en repetidas ocasiones sobre la pestilencia y la música ensordecedora que provenía de su departamento. Nadie investigó.



El departamento


Sasha Spesivtsev llevaba un diario en el que detallaba algunos de los asesinatos. Sus crímenes fueron descubiertos por casualidad en 1996. La madre de Sasha había atraído a tres chicas al departamento, pidiéndoles que la ayudaran a cargar unas bolsas de víveres a cambio de una propina. Una vez allí, se vieron amenazadas por el perro doberman, además de que Sasha las violó y golpeó. Mató a una de ellas y obligó a las otras dos a cortarla en pedazos en la bañera. Su madre cocinó varias partes del cadáver para la cena. La segunda chica fue muerta por el doberman, quien le desgarró el cuello.







Sasha Spesivtsev

Al otro día, una rotura de tubería obligó a los vecinos a llamar a un plomero; se determinó que el problema se originaba en el departamento de los Spesivtsev. El fontanero tuvo que abrir la puerta por la fuerza, ya que nadie contestaba las llamadas. Sasha escapó por el balcón cuando escuchó a alguien abrir la puerta. Lo que el trabajador vio lo marcó para siempre.



Cuando la policía entró en el departamento, vieron la sangre que cubría las paredes. En la cocina había cuencos con trozos de cuerpos humanos, un costillar humano y un cuerpo femenino sin cabeza, recargado en una de las paredes del baño. En la bañera encontraron un cuerpo sin cabeza, mutilado. Hallaron además 82 mudas de ropa ensangrentada, cerca de cuarenta artículos de joyería y algunas fotos de personas desconocidas, que posiblemente fueron sus víctimas.



Los cadáveres




También se toparon con Olga Galtseva, la única testigo viva, una chica de 15 años de edad, quien se vio obligada a comer sopa hecha con la carne de su mejor amiga. Sasha y su madre la habían mutilado y presentaba varias heridas de cuchillo en el vientre; permanecía acostada sobre un sofá. Llevada a un hospital, fue capaz de decirle al fiscal todo lo que había sucedido. Murió diecisiete horas más tarde.







La agonía y muerte de Olga Galtseva



Sasha fue capturado mientras intentaba violar a una mujer en su propia casa. No negó sus acciones. Sin embargo, confesó únicamente 19 asesinatos y se jactó de delitos que no pudieron ser probados. La policía encontró el diario que detallaba los asesinatos de diecinueve chicas. Se sospechaba que era responsable de docenas de otras muertes, pero las autoridades rusas no tenían los fondos necesarios para investigar.


Fue declarado demente por un tribunal y lo internaron en un hospital psiquiátrico. Ludmila Spesivtseva negó cualquier implicación, pero fue juzgada como cómplice y condenada a trece años de prisión. Los investigadores siguieron rescatando restos corporales del río Aba. De acuerdo con la contabilidad de las piezas halladas, se calculaba que correspondían a casi un centenar de personas.



Sasha fue descrito por las autoridades como “un intelectual que ha escrito algunos libros sobre filosofía”. En la cárcel pasó todo su tiempo sometido a pruebas psiquiátricas y escribiendo poemas sobre los males de la democracia. Cuando se le preguntó cómo justificaba sus crímenes, respondía: “¿Cuántas personas han destruido nuestra democracia? Si la gente pensara en eso, no habría nada de esta suciedad. Pero, ¿qué se puede hacer?” Sasha ofreció vender su propia cabeza a algún instituto, para que pudieran estudiar su cerebro, siempre y cuando le pagaran por adelantado, además de darle muchos cigarrillos.




BIBLIOGRAFÍA:


Christine Falling: “La Niñera Asesina”


“Una voz decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez”.
Declaración de Christine Falling


Christine Laverne Slaughter nació el 12 de marzo de 1963 en Perry, Florida (Estados Unidos). Fue hija de una chica llamada Ann, de 16 años de edad, y de Thomas Slaughter, un hombre de 65 años. Christine era la segunda hija de Ann. Su hermana Carol nació un año y medio antes. Desde el principio, la vida de Christine fue un reto. Su madre Ann a menudo se ausentaba durante meses. Cuando volvía a casa, siempre estaba embarazada. Durante los dos años siguientes después del nacimiento de Christine, Ann concibió dos hijos más, Michael y Earl. De todos los niños, Thomas Slaughter sólo reconoció a Earl como su hijo biológico. Los Slaughter eran muy pobres, al igual que la mayoría de las personas que vivían en Perry. Durante las ausencias de Ann, Thomas se preocupaba por los niños, llevándolos a los bosques en los que trabajaba. Pero después de que Thomas sufriera un accidente de trabajo mientras cortaba leña, Ann se vio obligada a quedarse con su familia. Después de que los niños a menudo eran rotados con los miembros de la familia para que los cuidasen, Ann los abandonó de manera definitiva, dejándolos en un banco de un centro comercial de Perry.



Christine Falling en su adolescencia

Tras pasar un tiempo en un orfanatorio, una pareja se fijó en ellos. Dolly Falling quería ser madre, pero era incapaz de tener hijos. Su marido Jesse estaba obsesionado con tener niños y decidieron adoptar a Carol y Christine, quienes cambiaron su apellido a Falling. Al principio, las pequeñas disfrutaron de una atmósfera amorosa en la casa de los Falling, pero, según iban haciéndose mayores, se desarrolló un amargo resentimiento surgido entre los padres y las hijas. La vida de las dos niñas en el hogar de los Falling era inestable. Christine era epiléptica y sufría de convulsiones. También tenía severos problemas de aprendizaje y un desarrollo físico anormal. Era poco atractiva, obesa y tenía una mirada vacía. Se produjeron discusiones fuertes, algunas tan duras que tuvo que intervenir la policía. Desesperados, los Falling enviaron a Christine, de nueve años, y a Carol, de once, al centro de Great Oaks Village en Orlando, donde aprenderían a comportarse. Un año más tarde, las chicas volvieron junto a sus padres, sin presentar mejoría en el aspecto emocional. Las peleas continuaban. Las jóvenes se fueron de casa. Carol encontró un trabajo, mientras que Christine volvió con su madre natural. Desde temprana edad, Christine demostró rasgos de personalidad que eran preocupantes. Padecía graves ataques de ira y comportamiento antisocial. Por ejemplo, desarrolló una fascinación por torturar gatos. Gozaba estrangulándolos y a veces los dejaba caer desde muy alto, para comprobar si en efecto tenían nueve vidas. Disfrutaba del esfuerzo del animal por salvarse y del sonido de sus cuerpos al estrellarse contra el suelo, reventando. Una y otra vez hizo lo mismo.







Christine con un gato

Jesse Falling fue detenido dos veces por abusar sexualmente de Carol. La primera ocasión terminó con un jurado en desacuerdo y la segunda vez, Dolly Falling retiró los cargos. En 1977, Christine, de 14 años de edad, quien ahora pesaba más de cien kilos, se casó con un chico que apenas conocía y que era su hermanastro. El matrimonio se convirtió en un maratón de peleas de seis semanas. La pareja se separó. Después de que su matrimonio fracasó, Christine desarrolló una compulsión por ir a la sala de emergencias del hospital. Cada vez se quejaba de diferentes enfermedades que los médicos no lograban diagnosticar. Una vez que fue a quejarse de un sangrado, lo que resultó ser su período menstrual regular. Otra vez afirmó que una serpiente la había mordido, lo cual era mentira. Durante dos años, fue al hospital más de cincuenta veces. La necesidad de atención de Christine se había trasladado a recibir atención en el hospital. Estaba desarrollando el síndrome de Munchausen, un trastorno en el que los afectados buscan la atención exagerada y exclusiva del personal médico, presentando síntomas exagerados de enfermedades o heridas autoinfligidas.


Al dejarla su marido, Christine se vio obligada a mantenerse sin ayuda. Estaba obesa, era semianalfabeta y no tenía potencial intelectual. Sólo había un área en la que Christine parecía tener una habilidad natural: adoraba a los niños y le encantaba cuidar de ellos. Con el tiempo, se convirtió en una niñera profesional. Los padres confiaban en ella y ella disfrutaba al estar con los niños. O al menos eso parecía. El 25 de febrero de 1980, Christine estaba cuidando de Cassidy Mae Johnson, una niña de dos años, a la que todo el mundo llamaba “Muffin”. La pequeña había disfrutado de una perfecta salud hasta que ocurrió algo terrible. Sin aviso alguno, según Christine, la pequeña perdió el conocimiento. La niña fue trasladada a la consulta de su pediatra. Al principio, el médico pensó que podría ser una encefalitis, una inflamación del cerebro causada por una infección. Sin embargo, sospechaba de un golpe que encontró en la cabeza de “Muffin”. Christine le explicó que la niña, poco antes de perder el conocimiento, se había caído de la cuna.



La cuna de la bebé

El doctor trasladó a la niña al Centro Médico Regional Memorial de Tallahassee. Christine llevó a “Muffin” en sus brazos de camino al hospital. De vez en cuando, la bebé lloraba. Durante dos días, la pequeña luchó entre la vida y la muerte. Al tercer día, murió. La autopsia indicó que había sufrido un pequeño golpe en la cabeza, como había mencionado Christine anteriormente. Fue una de esas tragedias inexplicables. Nadie estaba más afectada y triste que Christine Falling. Sin embargo, uno de los médicos no estaba de acuerdo y sospechaba que el bebé no había muerto de causas naturales. Sugirió que la policía debería hablar con Christine, pero los investigadores hicieron caso omiso. Poco después del incidente, Christine se trasladó a Lakeland, Florida (Estados Unidos).







Cassidy Mae Johnson “Muffin”

Un año más tarde, le pidieron a Christine que cuidara al niño de un familiar lejano, Jeffrey Davis, un pequeño de cuatro años de Lakeland, Florida (Estados Unidos). Según Christine, el pequeño Jeffrey estaba durmiendo felizmente cuando se dio cuenta de que el niño había dejado de respirar. Una autopsia indicó que la causa de la muerte fue miocarditis.



Ilustración de Jeffrey Davis con su niñera

Aunque parezca increíble, tres días más tarde Christine estaba cuidando del pequeño Joseph Spring, de dos años. Sus padres estaban en el funeral de Jeffrey Davis. El niño no sobrevivió a su siesta. Una vez más, la causa de la muerte se atribuyó a miocarditis, una inflamación del tejido muscular del corazón. Un extraño fenómeno tuvo lugar entre los familiares y amigos de Christine. La propia Christine perpetuaba los rumores. Habían muerto tres niños en menos de un año sin explicaciones concretas. Cada vez que eso ocurría, la niñera era Christine. ¿Era portadora de alguna enfermedad contagiosa? Christine les comentaba a sus amigos que a lo mejor estaba poseída por alguna maldición. Pero todos intervenían para calmar a la torpe Christine, diciéndole que eran coincidencias desafortunadas.



Joseph Spring

Christine decidió hacer algo diferente que no tuviera que ver con niños. Aceptó un puesto de ama de llaves en la casa de William Swindle, un anciano de 77 años. El primer día de trabajo, Swindle murió. Nadie culpó a Christine. Después de todo, Swindle era un hombre mayor. En el verano de 1981, Christine volvió a su primera pasión, niñera. Acompañó a Geneva Daniels y a su hija de ocho meses, Jennifer, al doctor. Tenían que vacunar a la bebé.



Geneva Daniels

La pequeña Jennifer lloró tras recibir las vacunas. Al volver a casa, la señora Daniels paró a comprar pañales en el supermercado, dejando a Christine y a la bebé en el auto. Cuando la señora Daniels volvió, Jennifer estaba muerta. Christine le explicó que todo había ocurrido en una décima de segundo. En un momento Jennifer estaba viva y pataleando, y un minuto después había parado de respirar. Llevaron a la niña rápidamente al hospital, pero todos los intentos por resucitarla fracasaron. La muerte se atribuyó al Síndrome de Muerte Súbita Infantil.


A pesar del reguero de muertes que parecía seguirla, Christine consiguió un novio. Vivía en una casa rodante de Blountstown con el chico. El 2 de julio de 1982, Lisa Coleman dejó a su hijo Travis, de diez meses de edad, en la casa de Christine para que pasara la noche. Christine declaró que Travis Coleman estaba bien durante la noche, pero que cuando ella se despertó el bebé estaba muerto. Una autopsia reveló que la muerte se había producido por falta de oxígeno, pero se desconocía cómo y por qué se interrumpió la entrada del mismo. Sin embargo, se descubrió que el niño tenía heridas internas, indicando que había sido asfixiado.



Travis Coleman

Era demasiado. Cinco niños y un adulto en menos de dos años y medio. Christine tenía un promedio de una muerte cada seis meses. Ahora las sospechas se centraban únicamente en la niñera. Se le internó en un hospital, donde fue examinada por un psiquiatra. Mientras permanecía internada, se le acusó formalmente de tres casos de asesinato en primer grado.



El arresto

Christine confesó algunos de los asesinatos. Dijo: "No sé por qué lo hice, no me gustaba. Ya sabes, parecía sencillo, pero no lo era. Le puse una mantita sobre su cara. Una voz me decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez. Después me daba cuenta de lo que había pasado".



El juicio


Para evitar la pena de muerte en el Estado de Florida, Christine Falling hizo un trato y se le permitió declararse culpable del asesinato de Cassidy Johnson, Jennifer Daniels y Travis Coleman. Fue sentenciada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional en 25 años.







Los titulares

Dijo a los detectives que había aprendido cómo matar mirando programas de televisión. En una confesión grabada, describió los motivos de cada crimen. Según Falling, “Cassidy Johnson fue suprimida porque era muy ruidosa. Jeffrey Davis me volvía loca o algo así. Yo ya estaba loca por la mañana. Yo sólo lo saqué y comencé a ahogarlo hasta que estaba muerto.



Tarjetas postales enviadas por Christine



“Joe dormía la siesta cuando no supe qué pasó. Recibí el impulso y quise matarlo, Mi sobrina Jennifer murió porque lloraba continuamente y llorando y llorando me volvía loca, así que sólo tuve que poner mis manos alrededor de su cuello y la estrangulé hasta que ella se calló. Travis Coleman sólo estaba durmiendo cuando lo maté. Una voz decía dentro de mí: 'mata al bebé', una y otra vez”.



Christine Falling en prisión

El 17 de septiembre de 1982, Christine Falling se declaró culpable de asesinato y recibió dos cadenas perpetuas.



Después de algunos años de prisión, admitió haber estrangulado también al anciano William Swindle, aunque no especificó sus motivaciones para ello.


En 2006, Christine Falling solicitó libertad condicional y se le negó. Su próxima audiencia se fijó para septiembre de 2017.




VIDEOGRAFÍA:

Christine Falling en Las verdaderas mujeres asesinas



BIBLIOGRAFÍA:


Donald Gaskins: “Pee Wee”


“Todo lo que podía pensar es en cómo podía hacer lo que yo quisiera con su cadáver”.
Donald Gaskins


Donald Henry Gaskins Jr. nació el 13 marzo de 1933 en el condado de Florence, Carolina del Sur (Estados Unidos). El nombre de su madre era Parrott y él era el más pequeño de una serie de hijos ilegítimos. Sus primeros años se caracterizaron por la negligencia de su madre, quien nunca se encargó de educarlo. Cuando Gaskins tenía sólo un año de edad, se bebió una botella de queroseno, lo que le provocó daño cerebral; padeció convulsiones hasta que tenía tres años. También sufría de terrores nocturnos. Gaskins recibía palizas constantes por parte de sus padrastros. Era muy pequeño para su edad y de inmediato se ganó el apodo de “Pee Wee”. Su madre tenía tan poco interés en él, que la primera vez que el niño supo su nombre de pila fue cuando se leyó en su primera comparecencia ante el Tribunal, a causa de una serie de delitos cometida por él y sus amigos, desertores escolares. Violaron a la hermana de uno de ellos y cometieron una serie de robos, además de asaltos. Fueron detenidos después de que un testigo, que sobrevivió a un ataque con un hacha, los identificó y denunció a la policía. Como resultado, Gaskins fue enviado al reformatorio. Allí permaneció hasta su adolescencia.



Gaskins en su juventud

En el reformatorio, Gaskins fue violado de manera constante por sus compañeros de prisión. Después de escapar de la escuela, casarse y regresar voluntariamente a completar su condena, fue puesto en libertad en 1951. Luego trabajó brevemente en una plantación de tabaco y se casó. Lo detuvieron de nuevo en 1953 y acabó siendo acusado de intento de asesinato, después de usar un martillo para atacar a una adolescente a quien le reclamó que lo había insultado. Gaskins fue condenado a seis años de prisión. Lo violaron de nuevo en la cárcel, pero esta vez se defendió y le cortó la garganta de su atacante, Hazel Brazell. Como resultado, recibió tres años más de condena, aunque se convirtió en un tipo de cuidado dentro de la prisión. Durante este período, su esposa solicitó el divorcio. Se escapó de la cárcel en 1955, escondido en la parte trasera de un camión de la basura y huyó a la Florida, donde tomó un empleo con una feria ambulante. Fue detenido, estuvo en custodia y lo pusieron en libertad condicional en agosto de 1961. Después de salir de prisión, Gaskins volvió a cometer varios robos y se casó otra vez. Dos años después de su libertad condicional, fue arrestado por la violación de una niña de doce años de edad, pero se fugó mientras esperaba sentencia. Lo detuvieron de nuevo en Georgia y terminó condenado a ocho años de prisión. Salió en libertad condicional en noviembre de 1968. Tras su liberación, se trasladó a la ciudad de Sumter y comenzó a trabajar con la compañía Fort Roofing.






Donald Henry Gaskins

Su primera víctima de asesinato al salir de la prisión fue una autoestopista, a quien torturó y mató en septiembre de 1969, antes de hundir su cuerpo en un pantano. En sus memorias, Gaskins escribió: “Todo lo que podía pensar es en cómo podía hacer lo que yo quisiera con su cadáver”. Iba a ser la primera de muchas a quienes recogió y mató mientras conducía por las carreteras costeras de la Autopista Sudamericana. El nombre de la chica era Kim Ghelkens.



Kim Ghelkens

Clasificó a estas víctimas como “matacosteras”: las personas, tanto hombres como mujeres, a quienes asesinaba por puro placer. En promedio, exterminaba una vez cada seis semanas. Otra de sus víctimas fue Teresa Armanda Alfonso, a quien violó, estranguló y sepultó cerca de la carretera.



Teresa Armanda Alfonso

En noviembre de 1970, Gaskins cometió el primero de sus llamados “asesinatos graves”: personas a las que conocía y asesinaba por motivos personales. Las primeras víctimas fueron su propia sobrina, Janice Kirby, de 15 años, y su amiga Patricia Ann Alsbrook, de 17 años, a las cuáles violó y mató en Sumter, Carolina del Sur.



Con su sobrina y su amiga

Gaskins torturaba y mutilaba a sus víctimas, tratando de mantenerlas con vida durante tanto tiempo como fuera posible. Confesó haberlas matado usando una variedad de métodos, incluyendo apuñalamiento, asfixia, mutilación e incluso afirmó haberse comido partes de varios cadáveres. Llegaría a afirmar que había matado a ochenta o noventa personas, aunque esta cifra nunca fue corroborada.



Janice Kirby

Otras víctimas cayeron por una variedad de razones: porque se habían burlado de él o porque intentaron chantajearlo, le debían dinero, e incluso porque le habían robado o pagado para matar a su víctima. Gaskins simplemente los ejecutaba, por lo general a balazos, antes de enterrarlos en torno a las zonas costeras de Carolina del Sur.






Las tumbas





En 1973, se comprometió a uno de sus asesinatos más terribles cuando violó y asesinó a dos de sus vecinas: Doreen Dempsey, de 23 años y con ocho meses de embarazo, y su hija de un año de edad.



Doreen Dempsey

Nadie sospechaba que Gaskins fuera un sádico asesino en serie, pero había algunos que sabían que él estaba dispuesto a cometer un crimen por una recompensa razonable. En febrero de 1975, una mujer llamada Suzanne Kipper Owens contrató a Gaskins para matar a su novio, Silas Barnwell Yates. Con el fin de encubrir el asesinato, Gaskins terminó matando a cuatro personas más.



La tumba de Silas Barnwell Yates

Gaskins fue arrestado por enésima ocasión el 14 de noviembre de 1975, cuando un socio criminal, llamado Walter Neeley, confesó a la policía que había sido testigo del momento en que Gaskins mataba a Dennis Bellamy, de 28 años, y a Johnny Knight, de 15.



Walter Neeley

Neeley confesó a la policía que Gaskins había matado a varias personas catalogadas como desaparecidas durante los cinco años anteriores, y le había indicado donde fueron enterrados. Entre esas víctimas se hallaba Cynthia Robin Gooding.



Cynthia Robin Gooding

El 4 de diciembre de 1975, Gaskins llevó a la policía a un terreno que poseía en Prospect, donde la policía descubrió los cuerpos de ocho de sus víctimas.



El arresto


Gaskins fue juzgado por ocho cargos de asesinato el 24 de mayo de 1976, declarado culpable el 28 de mayo y condenado a muerte, que posteriormente fue conmutada a cadena perpetua gracias a una apelación ante la Corte Suprema de los Estados Unidos.






Ficha de detención


El 2 de septiembre de 1982, Gaskins cometió otro asesinato, por la que obtuvo el apodo de “El Hombre Más Malvado de América”. Mientras estaba encarcelado en el bloque de alta seguridad de la correccional de Carolina del Sur, asesinó a un recluso del Corredor de la Muerte llamado Rudolph Tyner, condenado por el asesinato de una pareja de ancianos durante un robo a mano armada fallido en la tienda de su propiedad, en la comunidad de Burgess. Gaskins fue contratado para cometer este asesinato por Tony Cimo, hijo de Myrtle Moon, una de las víctimas.



El juicio



Gaskins inicialmente hizo varios intentos fallidos de matar a Tyner envenenando su comida y bebida, pero al final optó por utilizar explosivos. Para lograr esto, Gaskins preparó un dispositivo similar a una radio portátil y se la hizo llegar a Tyner hasta su celda, diciéndole que esto les permitiría que se comunicaran entre las celdas de aquel lugar.


Cuando Tyner siguió las instrucciones y se puso el aparato en la oreja, sin sospechar que estaba cargado de C4, un potente explosivo plástico, Gaskins detonó los explosivos desde su celda y lo mató. Más tarde dijo: “Lo último que Tyner escuchó fue mi risa”. Gaskins fue juzgado por el asesinato de Rudolph Tyner y condenado a muerte. Para entonces, la policía seguía buscando cadáveres, a veces con la ayuda del mismo Gaskins.



Las investigaciones y la búsqueda de cadáveres





En el corredor de la muerte, Gaskins le dictó sus memorias a un periodista llamado Wilton Earle. Confesó haber cometido más de un centenar de asesinatos, entre ellos el de Margaret Cuttino, una niña de trece años de edad, hija del entonces senador James Cuttino. En su autobiografía, titulada La verdad final, Gaskins afirmó que tenía “una mente especial que daba permiso para matar”.



En el Corredor de la Muerte

Gaskins fue ejecutado el 6 de septiembre de 1991 a la 01:10 horas en la Broad River Correctional Institution. Fue la cuarta persona en morir en la silla eléctrica, después de que la pena de muerte fue reinstaurada en Carolina del Sur en 1977. Unas horas antes de ser escoltado hasta la silla, Gaskins intentó suicidarse cortándose las venas con una cuchilla de afeitar que se había tragado la semana anterior. Luego tosió. Sus últimas palabras fueron: “Voy a dejar que mis abogados hablen por mí. Estoy listo para irme”.




BIBLIOGRAFÍA:



FILMOGRAFÍA:


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