Mohamed D'Ali Carvalho dos Santos: "La Bestia de Goiania"



“La perra está en la maleta”.
Mensaje de texto de Mohamed D'Ali Carvalho dos Santos a su hermano


Mohamed D'Ali Carvalho dos Santos nació en 1988 en Goiania (Brasil). Su madre se mudó a Londres (Inglaterra) cuando él era muy pequeño. Aunque fue siempre extrovertido, su conducta era errática: mucho tiempo fue mal en la escuela y comenzó a consumir drogas desde niño.



Carvalho dos Santos


Con el tiempo, las adicciones de Carvalho aumentaron. Abusaba del alcohol y probó drogas fuertes. Carvalho usaba hasta cincuenta gramos de cocaína por día. Pero una de sus adicciones más extrañas consistía en inhalar gas de cocina como estupefaciente. Luego comenzó a vender drogas él mismo; su actividad como narcotraficante le redituaba buenas ganancias.



Carvalho terminó yéndose a vivir a Londres con su madre. Allí siguió sus estudios. Conoció entonces a Cara Marie Burke, una hermosa chica rubia, inglesa, de diecisiete años, quien había viajado a Brasil en varias ocasiones.



Cara Marie Burke




Burke estudiaba en Inglaterra, era una chica de familia, sin vicios ni problemas, a quien sus amigos querían por su forma de ser. De carácter dulce, era, sin embargo, bastante conservadora en algunos aspectos.





Cara Marie Burke no usaba drogas, casi no bebía y creía firmemente en la fidelidad. Su anacrónica visión del mundo terminaría siendo su perdición.




Al saber que Carvalho era brasileño, se hicieron amigos. Poco después Carvalho y Burke eran novios. La joven también conoció a la madre del chico, quien la invitó a viajar nuevamente a Brasil.



Burke con la bandera de Brasil y una camiseta de la selección de football



La chica llegó a Goiania el 27 de julio de 2008. Los primeros días todo era positivo, Carvalho y Burke salían y se divertían. Durante tres meses, los jóvenes fueron una pareja ideal. Se dejaron ver por todas partes, asistieron a fiestas, fueron al cine, viajaron.



Burke con sus amigos brasileños



Finalmente, se mudaron y comenzaron a vivir juntos. Burke le dijo a todos que era muy feliz con aquel chico. Sus amigos decían de ellos que eran “una pareja perfecta”.




Pero su felicidad no duró: Burke descubrió las adicciones del joven, así como su forma de ganarse la vida, y no estaba dispuesta a tolerarlo.






Carvalho y Burke: “la pareja perfecta”



Burke amenazó con contarle a sus padres que era un narcotraficante y un cocainómano. Le dijo además que pensaba denunciarlo a la policía.




Carvalho se enfureció: llevaba cuatro días consumiendo cocaína, crack y alcohol. Puso música a volumen alto para que nadie escuchara lo que iba a ocurrir.




Comenzó a golpear a la joven a puñetazos y patadas; ella intentó defenderse, lo cual enfureció más a Carvalho. La siguió golpeando mientras ella gritaba de dolor y le rogaba que la dejara.




Los golpes siguieron hasta que ella se quedó quieta: tenía fractura de cráneo, docenas de fracturas en todo el cuerpo, estallamiento de vísceras, un ojo desorbitado y sangraba profusamente. Aún respiraba.



El arma homicida



Carvalho siguió; tomó un cuchillo y empezó a hundirlo, una y otra vez, hasta que prácticamente le deshizo el vientre.






Las fotos finales de Burke en el departamento de Carvalho, un día antes de su asesinato



Después de matarla, Carvalho se relajó; puso el cadáver en la tina del baño, se limpió, se cambió de ropa y se fue a un concierto de música funk, donde estuvo varias horas conviviendo con sus amigos, bebiendo y conquistando a otras chicas.





Al otro día regresó a su departamento, donde cortó los miembros de la joven. Separó del tronco las extremidades, la decapitó y después le tomó fotografías al cadáver con su teléfono celular, “para guardarlas como recuerdo”, como declararía después.



En esas fotos, puso algunos de los miembros cercenados intercambiados de lugar, la cabeza sobre el cuerpo al lado del cuchillo, e incluso la cabeza entre las manos cortadas del cadáver, como una burla final.



El cadáver de Cara Marie Burke


Colocó entonces el torso en una maleta, que arrojó en un campo en las afueras de la ciudad. Las extremidades y la cabeza fueron lanzadas en un río vecino. “La corté en seis pedazos”, diría después el homicida, “y la lancé desde lo alto de un puente”.



Tras hacerlo, Carvalho le envió a su hermano, Bruce Lee Carvalho dos Santos, un mensaje de texto que decía: “La perra está en la maleta”, junto con un icono de una carita sonriente. El joven asesino también se vanaglorió de su crimen con otros amigos traficantes.



El celular de Carvalho


La desaparición de Burke causó conmoción en Inglaterra. Su familia no sabía cómo contactarla, ni con quién se había marchado. A su madre, Carvalho le dijo que Burke y él habían terminado, y que la joven había vuelto a Inglaterra.



Poco después, un hombre encontró la maleta con el torso. Su contenido horrorizó a la opinión pública. Los medios tomaron por asalto la ciudad. Las imágenes del tronco sin brazos, piernas ni cabeza, fueron trasmitidas por el Servicio Internacional de la televisión brasileña.



La maleta


En el tronco, sin embargo, había una pista: un tatuaje que decía “MUM”. Cuando las imágenes televisivas llegaron a Inglaterra, la familia de Burke las vio por casualidad. Eso destruyó sus esperanzas. El escándalo internacional fue mayúsculo. Viajaron a Brasil, donde la policía inició la búsqueda del resto del cuerpo, sin lograr encontrarlo.



El tatuaje


Amigos de Burke exigieron justicia a través de mensajes que publicaron en Orkut, una red social en línea semejante a Facebook, muy visitada en Brasil. La página exhibió fotos de la joven con amigos en Londres y en Brasil, y cargando a un bebé.



Burke en Internet


No fue difícil ligar a Burke con Carvalho. La policía lo detuvo en su departamento, donde hallaron restos de sangre y el teléfono celular con las fotografías del cadáver. Al verse descubierto, intentó sobornar a un agente con dinero, pero no funcionó debido a la presencia de otros policías, quienes además estaban grabando el arresto.



El arresto




El intento de soborno, que fue emitido por televisión, muestra cómo Carvalho ofrece 70,000 reales (unos 45,000 dólares) a un agente y luego dice que obtendrá el dinero a través de su madre. "La mejor recompensa que podíamos obtener es ver a un psicópata como tú tras las rejas", le contestó el agente de policía erigido en psiquiatra, con un diálogo digno de una película barata.






La policía lo interrogó a su estilo: lo encerraron en una celda, lo golpearon y torturaron. El joven confesó todo. Les contó a los agentes sobre el asesinato y después les indicó dónde había tirado el resto del cadáver. “Una de las imágenes muestra a la joven decapitada y con la cabeza sobrepuesta”, diría en una declaración el comandante que arrestó y torturó al joven brasileño.









El equipo de búsqueda halló primero la cabeza, luego un brazo, luego la pierna izquierda, luego el otro brazo, y finalmente la pierna derecha de Burke días después. Un comisario calificó aquello de "rompecabezas macabro". Con el hallazgo, las autoridades concluyeron una búsqueda que duró más de diez días, una vez que fue localizado el tronco de la joven dentro de la maleta.



El cadáver



Carvalho le dijo a los medios que no recordaba nada de lo sucedido, que estaba “demasiado drogado”; pero eso no explicaba cómo había confesado todo a la policía, ni que las fotos siguieran en su celular. Fue bautizado por los tabloides como “La Bestia de Goiania”.





Al ser consultado por un reportero británico sobre qué le diría a su suegra, la madre de Burke, respondió en inglés: "Díganle que lo siento, no sabía lo que estaba haciendo".



La madre de Burke


El juicio se celebró en la ciudad de Goiania. Tras su confesión, el fiscal pidió una sentencia de treinta años de prisión. El defensor de Carvalho, Odair de Meneses, dijo que una evaluación siquiátrica reveló que su cliente no era “plenamente responsable de sus actos porque estaba usando drogas en forma continua los cuatro días anteriores al crimen”.



Según el sitio de Internet del Tribunal donde Carvalho fue juzgado, las pruebas psiquiátricas revelaron que “es portador de un trastorno de personalidad antisocial que revela una perturbación de salud mental, unida a su dependencia de varias drogas. El acusado expuso sentimientos de arrepentimiento, deseo de pagar por el crimen cometido y de cuidar de su familia”.



Poco después de su encarcelamiento, Carvalho comenzó una relación amorosa con Helen de Matos Victoy, una hermosa chica de diecinueve años, fascinada por la personalidad del homicida. Ella tuvo un hijo con Carvalho.



Helen de Matos Victoy mostrando un reportaje sobre el asesinato de Burke


Al ser entrevistada sobre su novio asesino, la joven declaró que no le importaba. Incluso, mostró a la prensa revistas con reportajes sobre el crimen y se fotografió con ellas, sin ocultar la fascinación que aquello ejercía. Abierta y alegremente, señaló la admiración que sentía por la brutalidad de Carvalho.



Los titulares sobre la nueva novia de Carvalho


El abogado Meneses intentó obtener una sentencia de quince años, lo que permitiría a Carvalho pasar más tiempo con su hijo recién nacido, antes de que el niño se hiciera adulto. Sin embargo, fue sentenciado a veintiún años de prisión.





VIDEOGRAFÍA:

Noticiero con escenas sobre la detención de Carvalho (en portugués)



Entrevista con la madre de Cara Marie Burke (en inglés)



Entrevista con Carvalho en la prisión (en portugués)




BIBLIOGRAFÍA:

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