Richard Dadd: "El Pintor Asesino"



"Repartido en pedazos y en lamentos,
repartido en países y en canciones,
repartido en lejanos corazones,
repartido en profundos monumentos,
repartido en oscuros sentimientos,
repartido en distintas emociones,
repartido en palabras y oraciones,
repartido y perdido en los momentos..."

Juan Eduardo Cirlot. "Osiris"


Richard Dadd nació el 1 de agosto de 1817 en Chatham, Medway, Kent (Inglaterra). Fue hijo de Robert Dadd, un distinguido químico que unos años más tarde se instaló en Londres. Su padre se casó dos veces y tuvo nueve hijos. Cuatro de ellos murieron como consecuencia de diferentes trastornos mentales. Pese a ello, el padre se dedicó a diferentes actividades sociales (entre ellas organizar el museo local, dar cursos de geología y formar parte del movimiento de reforma). Sobre todo, dio un hogar estable a sus hijos restantes.



En 1834, la familia se trasladó a Londres. Richard había decidido ser pintor y realizó allí sus estudios de arte. Se obsesionó con las hadas y los duendes, dedicándose a investigar sobre el tema y a plasmarlo en sus cuadros. El misterio que siempre rodeaba las historias sobre estos seres lo atraía, así como el lado oscuro que a veces presentaban.



Pronto se distinguió por obras de fantasía plasmada con un estilo realista. Entre sus obras de esa etapa destacan Puck y Titania durmiendo.



Puck


Quizás su cuadro más representativo de esta etapa temprana sea Viene a estas arenas amarillas, una espectral cabalgata de danzantes feéricos en una playa a la luz de la luna, que fue la sensación de la exposición anual de la Royal Academy en 1842.



Viene a estas arenas amarillas


Dadd tenía entonces 25 años y poseía un deseo de correr aventuras y entregarse a toda clase de excesos. Ese mismo año partió con su mejor amigo, sir Thomas Philips, antiguo alcalde de Newport, a un viaje iniciático por Italia, Grecia, Turquía y Egipto. En el trayecto realizó numerosos esbozos y algunos óleos de tinte oriental, muy dentro del gusto victoriano que comenzaba a perfilarse.



Retrato de Alexander Morison


En la navidad de 1842 sufrió una fortísima insolación en Egipto, que incluso hizo temer por su vida. Presentó un leve daño cerebral; a partir de ese momento, su imaginación se desbocó y Dadd inició la espiral descendente que marcaría su vida.



Estando en El Cairo, se unió a varios hombres que estaban fumando en narguile. Dadd se sentó a fumar y continuó haciéndolo ininterrumpidamente durante cinco días con sus noches. Las pipas de agua son conocidas por los ingleses como “hubble bubble” o “hubbly bubbly”, por el sonido característico que producen al bombear aire a través del agua.



Melancolía


Richard Dadd creyó comprender que este gorgoteo era un lenguaje. Siguió fumando su pipa sin parar, intentando descifrar el sentido. Escuchó y escuchó atentamente el burbujeo, hasta que el quinto día fue capaz de identificar un mensaje completo. Según sus declaraciones posteriores, era un mensaje de Osiris, el dios egipcio esposo de Isis, que según el mito murió desmembrado.






Autorretrato (1)


Osiris, a través del lenguaje de la pipa, le encomendó una misión que en ese instante mantuvo en secreto. La tarea que el dios le asignó era urgente y vasta: acabar con las manifestaciones de su enemigo, el dios Seth, las cuáles pululaban por el mundo. Una de las advocaciones más evidentes encarnaba en sir Thomas Philips, su compañero de viaje; otra, aún peor, en su propio padre, el reputado químico Robert Dadd, que tantas ilusiones tenía depositadas en su hijo.



Retrato de Sir Thomas Phillips


Thomas Philips percibió un cambio en la conducta del pintor y lo envió de regreso a Inglaterra. Allí se le diagnosticó insolación y se le prescribió reposo.



Autorretrato (2)


Dadd fue enviado a pasar una temporada al campo, con su padre viudo. Robert Dadd se resistió a reconocer la insania de su hijo y aspiró a curar las secuelas de la fatal insolación por medio del descanso. Pese al dictamen del doctor Alexander Sutherland, que consideró que Richard estaba trastornado y no era responsable de sus actos, el padre siguió resistiéndose a internar a su hijo en un manicomio.



Un inquietante retrato realizado por Dadd


Entre tanto, la voz del dios Osiris no cesaba de hablar en la mente del pintor; a causa de sus secretas amonestaciones, su “Enviado en la Tierra” tramaba un plan terrible. Richard se dirigió a Convent Garden y allí adquirió varias cosas: un hacha, un cuchillo con una hoja de veinte centímetros y una navaja de afeitar muy afilada.



Con el pretexto de que una estancia en su tierra natal le repondría, Richard citó a su padre en Cobhan y allí se reunieron el 28 de agosto de 1834 para cenar en la posada Ship Inn. Ambos dejaron su equipaje y salieron luego a dar un paseo por el bosquecillo cercano a la casa, que pertenecía a Lord Darnley. Allí, en medio de un claro, Richard le partió la cabeza a su padre con un golpe de hacha. Le cortó además la garganta de un tajo con la navaja de afeitar y después le clavó el cuchillo en el pecho en repetidas ocasiones. Había utilizado las tres armas que había adquirido. Después, mientras la luz de la luna iluminaba la escena, se dedicó a desmembrar su cadáver. Pero no lo enterró; se limitó a arrojarlo a una zanja.






Caín y Abel


A la mañana siguiente, el cuerpo fue encontrado. Junto había una escalerilla para trepar cercas; también estaban las armas homicidas. Para entonces Richard Dadd iba en camino a Francia, donde Osiris iba a señalarle nuevos avatares diabólicos que debían ser inmolados. El 30 de agosto, en el tren donde viajaba, agredió a un pasajero con intenciones claramente homicidas. Fue arrestado cerca de Fontainebleau, cuando estaba a punto de degollar al desconocido.



Locura (boceto y obra terminada)



Entre sus pertenencias, la policía encontró una larga lista de personas que Richard Dadd pensaba asesinar. Algunas de ellas eran grandes personalidades e incluían al Papa y al emperador de Austria. El primero de la lista era su propio padre. Su casera encontró en su estudio retratos de sus amigos con las gargantas cortadas y más de trescientas cáscaras de huevos: lo único con lo cual Richard se había alimentado las últimas semanas. Sobre su crimen, Richard Dadd declaró: “Maté a quien yo siempre consideré un pariente, pero según la secreta advertencia que se me hizo, iba a convertirse en el artífice de la ruina de mi raza”.



Lo internaron en Clermont y un año después lo extraditaron a Inglaterra. Recluido en el State Criminal Lunatic Asylum, dependiente del Betlhem Hospital, Richard Dadd desarrolló una intensa paranoia. Creía que todos lo vigilaban constantemente. Sufrió varios ataques violentos, y agredió a médicos y enfermeros. Aseguraba que lo perseguían criaturas con forma de demonios. Meses después de su llegada, ya más tranquilo, dio por terminada su misión y volvió a pintar. Tenía solamente 27 años.



Richard Dadd pintando en el manicomio


En 1843, el crítico de la Art Union dijo que la obra de Richard Dadd era pésima y que debía estar “clasificado entre los pintores muertos”. Pese a ello, Dadd produjo en el manicomio obras de diseño minucioso y propósito inquietante, cómo Oberón y Titania, la perturbadora acuarela titulada El problema infantil, o su serie sobre las pasiones humanas.



Oberón y Titania


En el manicomio comenzó la ejecución de su pintura más famosa: El golpe maestro del leñador duende (The fairy fellers master-stroke), una pintura relativamente pequeña (54 x 39 cms.) en la que estuvo trabajando durante diez años sin interrupción. Este cuadro sorprendió porque su calidad superaba con mucho a la de todas las obras que hasta el momento había realizado. En la reducida superficie del lienzo se concentran tal cantidad de detalles superpuestos que se requieren varias horas para apreciarlos en su totalidad. La pintura es, literalmente, tridimensional, debido a la cantidad de capas que Dadd, obsesivamente, fue agregando a lo largo de los años.






El golpe maestro del leñador duende (click en la imagen para ampliar)


En el cuadro se observa el claro de un bosque, de floración desbordante y alucinada. Desperdigada por toda la superficie, hay una multitud de duendes, hadas, gnomos y trasgos de expresión burlona o lasciva. Todos observan expectantes hacia el centro de la escena. Allí, un leñador, de espaldas al espectador, sostiene su hacha, a punto de descargar el golpe. Lo más inquietante es que delante del leñador, en el sitio que será alcanzado por el hacha, no hay nada. Es un óleo obsesivo que suscita la reflexión sobre el peso de lo irrevocable. Dadd regaló esta pintura a uno de sus enfermeros del manicomio. La pintura es hoy una de las piezas de la colección de la Tate Gallery londinense.



El Betlhem Hospital


Muchas de sus obras reflejan su estado mental; algunas de sus figuras presentan una curiosa inexpresividad, un vacío que refleja el que el mismo Dadd mostraba en el manicomio. Nunca dejó de lado su afición al ocultismo e incluyó en sus cuadros símbolos mágicos y signos del Zodíaco. También hizo del odio y la locura el motivo de varias de sus pinturas. En julio de 1864, después de pasar más de veinte años en el hospital psiquiátrico de Betlhem, Richard Dadd fue trasladado al asilo para enfermos mentales de Broadmoor, a las afueras de Londres. Fue allí donde, el 7 de enero de 1886, murió a causa de una enfermedad pulmonar.



Titania durmiendo


Pese a su innegable talento, siempre fue considerado un artista menor. La obra de Dadd permaneció olvidada hasta la década de 1970. Años después, el grupo de rock Queen le dedicó un tema al pintor asesino: “The fairy fellers master-stroke”. Quizás su mejor epitafio sea una frase que el mismo Dadd incluyó en una pintura de un sátiro que bebe de la copa sostenida por la mano de un hombre muerto: “Cada hombre sufre su fatal destino, tanto aquí como en el más allá”.



Senilidad




VIDEOGRAFÍA:

Video sobre Richard Dadd (en español)
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"Fairy feller's master stroke" - Queen
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BIBLIOGRAFÍA:














DISCOGRAFÍA:

Jesús Guajardo: el asesinato de Emiliano Zapata



“El asesino Guajardo por traición, mató a Zapata;
y a él, que fue de pico pardo, también por ley se le mata.
Por llegar a general fue de traición en traición,
a todos causando mal y afrentando a la Nación…”

Corrido de Jesús Guajardo



Jesús María Guajardo Martínez nació en 1892, en Candela, Coahuila (México). Fue hijo de José Juan Guajardo Tijerina y María Martínez Barreda. Su abuelo había dado muerte a traición a un famoso bandido apellidado Villegas “El Endiablado”, cuyas hazañas se consignaban en los anales del bandolerismo de la época porfirista. En 1913, tras los sucesos de la Decena Trágica y el asesinato del presidente Francisco I. Madero, Guajardo se unió a las fuerzas del general Pablo González ante la usurpación de la presidencia por parte de Victoriano Huerta. Era un soldado que, poco a poco, fue ascendiendo hasta obtener el grado de Coronel.



El coronel Jesús Guajardo


Tras la caída de Victoriano Huerta, Venustiano Carranza fue electo como Presidente de México. Sin embargo, Francisco Villa en el norte del país y Emiliano Zapata en el sur, seguían alzados en pie de guerra. Villa y Zapata se oponían a Carranza, por lo que el Ejército Federal los combatía. Al mando de las fuerzas de Carranza estaba Álvaro Obregón, quien jamás perdió una batalla.



Emiliano Zapata: "El Caudillo del Sur"


Hacia 1919, Zapata se había replegado. Vivía a salto de mata en el Estado de Morelos, perseguido, sin pertrechos y sin parque. Desesperado, intentó acercarse a algunos oficiales federales.



Entre Pablo González y Jesús Guajardo hubo muchas desavenencias. Estos rumores llegaron al campamento de los zapatistas. Zapata siempre tuvo miedo a ser traicionado, pero tenía que confiar en alguien. Le escribió entonces una carta a Guajardo, donde lo invitaba a unirse a sus fuerzas y luchar juntos. Pero la carta fue interceptada por Pablo González. Guajardo, decidido a demostrarle su lealtad, se puso de acuerdo con González para tenderle una trampa a Zapata.



El general Pablo González


Le contestó afirmativamente, poniéndose a sus órdenes y enviándole como obsequio unas pistolas con cacha de oro. Zapata, sin embargo, desconfiaba. Como prueba de lealtad, le pidió que fusilara a varios militares de menor rango, los cuáles formaban parte del batallón a las órdenes de Guajardo. Esos militares habían cometido saqueos, violaciones y asesinatos contra los zapatistas en el transcurso de la Revolución. Sobre todo destacaba uno: Victoriano Bárcenas.



Guajardo no lo dudó: durante día y noche, se dedicó a fusilar a docenas de sus propios soldados para ganarse la confianza de Zapata. En una carta que le escribió a Pablo González, Guajardo afirmaba: “Esta operación nos ha costado muy cara. Ya he fusilado a cincuenta y nueve de mis hombres para ganarme la confianza de Zapata. Espero que se la trague”.



Zapata aceptó entonces entrevistarse con Guajardo. En ese encuentro, Guajardo le regaló un caballo alazán, llamado “El As de Oros”. Mientras bebían tequila, Guajardo le pidió que pusiera una fecha para que él se incorporara, con sus hombres, a las fuerzas zapatistas.



Como Zapata se mostraba aún receloso, Guajardo le dijo que además quería darle todo el parque del que disponía: doce mil cartuchos, que las fuerzas zapatistas necesitaban con desesperación. Lo llamaba “mi General”, intentando así ganarse más fácilmente su confianza.



Guajardo propuso que se vieran en la Hacienda de Chinameca. Zapata no estaba muy convencido: ocho años antes, las fuerzas de Porfirio Díaz le habían tendido una celada en ese mismo lugar y había escapado de milagro. “A Chinameca le tengo ojeriza”, afirmó. Pero su necesidad era grande y terminó por aceptar.



La Hacienda de Chinameca


La mañana del 10 de abril de 1919, Zapata llegó con sus fuerzas y se dedicó a rondar la hacienda. No se animaba a entrar: algo no le gustaba. Envió a su lugarteniente, Feliciano Palacios, quien dedicó un buen rato a conferenciar con Guajardo en el interior de la hacienda. Guajardo le envió mensajes en repetidas ocasiones a Zapata, invitándolo a comer. Finalmente, hacia las 13:30 horas, decidió entrar, aunque algunos de sus hombres le pidieron que no lo hiciera.








A las 14:10 horas, acompañado solamente del mayor Reyes Avilés y de diez de sus hombres, montó su caballo y se dirigió a la puerta de la hacienda, en una de cuyas piezas seguía Feliciano Palacios. Al aproximarse Zapata a la hacienda, una banda de guerra formada en ambos lados tocó llamada de honor: un clarín sonó tres veces. Como los soldados presentaban armas al pasar Zapata, el primero en disparar fue el centinela y a continuación siguieron las descargas que otros hicieron en su contra.



El asesinato de Zapata (ilustración de José Guadalupe Posada)


Zapata quiso sacar la pistola en los últimos momentos que le quedaban de vida y, tratando de dar media vuelta, el caballo arrojó su cuerpo al suelo. Aún intentó, bañado en sangre, tomar su pistola, pero un soldado lo remató estando Zapata boca abajo. Murió como vivió: abrazado a la tierra. A su lado quedó su fiel asistente Agustín Cortés, y dentro de las habitaciones de la hacienda quedó Feliciano Palacios, asesinado en el momento en que caía Zapata.



Las descargas de fusilería se convirtieron en mortífero fuego general contra los zapatistas, desde los puestos en que los federales se encontraban apostados. Bajo el cerrado fuego de fusilería, ametralladoras y bombas que simultáneamente estallaban, las despavoridas fuerzas zapatistas huían sin saber lo que había pasado y tratando de ponerse a salvo del furioso ataque del que eran víctimas. Una vez fuera del alcance de los proyectiles, comenzaron a reunirse para conocer las causas del ataque. Los mismos que iban atrás de Zapata informaron la funesta noticia de la muerte de su jefe.



El parte oficial de Guajardo dijo que quedaron muertos Emiliano Zapata, Zeferino Ortega y otros generales zapatistas, “habiendo causado bajas, entre muertos y heridos, como treinta hombres, que no fue posible identificar”. Guajardo aseguró que él personalmente hizo fuego en contra de Palacios, Bastida y Castrejón, a los que mató en el acto. Posteriormente, se comprobó que ni Zeferino Ortega ni Gil Muñoz fueron sacrificados en aquella ocasión. Guajardo también dijo que Zapata había “muerto en combate” y esa versión se manejó en los periódicos de la época. Se procedió a levantar los cadáveres y se dispuso que se persiguiera al enemigo por todos los rumbos hasta dispersarlo completamente, causando gran número de bajas entre los zapatistas.



Con el objeto de conducir el cadáver de Zapata, se tocó botasilla y media hora más tarde, a las 16:00 horas, Guajardo salió de la Hacienda de Chinameca con la fuerza a su mando, rumbo a Cuautla, donde llegó a las 21:10 horas, haciendo entrega del cadáver al general Pablo González. El cuerpo de Zapata lo llevaban amarrado al lomo de una mula y cuando llegaron a las puertas de Cuautla, adelantándose Guajardo a donde estaba Pablo González, le informó: “Mi general, sus órdenes han sido cumplidas”.



El cadáver de Emiliano Zapata expuesto en Cuautla



Los despojos de Emiliano Zapata fueron llevados a los bajos de la Presidencia Municipal de Cuautla. Para identificar el cadáver, se hizo traer a Eusebio Jáuregui, que había sido jefe del Estado Mayor de Zapata, quien declaró ante el notario Ruiz Sandoval que, efectivamente, se trataba del “Atila del Sur”, como lo llamaban los periódicos de la Ciudad de México. Se le practicó la autopsia y se comprobó que solamente había ingerido líquidos. El cuerpo presentaba siete perforaciones correspondientes a siete tiros que le causaron la muerte. El cadáver no presentaba ninguna herida en el rostro. Al cuerpo le fue cambiada la ropa: se le quitó el traje de charro que llevaba y se le puso ropa limpia. El cadáver de Emiliano Zapata fue expuesto al público, colocándosele sobre una caja en la inspección de policía: allí empezaron a acudir centenares de curiosos y vecinos del lugar.



Para evitar la descomposición del cadáver se ordenó que un médico apellidado Loera y varios practicantes lo inyectaran, realizado lo cual se ordenó que fuera puesto en exhibición. Todos los curiosos que acudieron a ver el cadáver de Zapata, lo primero que le buscaban era un lunar que tenía arriba de un ojo.








De inmediato, los rumores comenzaron: mucha gente dijo que el cuerpo no era el de Zapata, pues la faltaba una verruga en la cara; otros dijeron que tampoco tenía una marca en un dedo de la mano. Unos más afirmaban que el muerto era Jesús Delgado, compadre de Zapata, a quien este habría enviado en su lugar previendo la traición.



Las leyendas llevaron a Zapata hasta el Lejano Oriente, donde un compadre árabe le habría ofrecido protección; según esa leyenda, Zapata se había embarcado en Acapulco para huir a Arabia. Otros más aseguraban que en las noches de luna, se le podía ver cabalgando cerca de Anenecuilco, el sitio de su nacimiento. También allí ubicaban, décadas después, a un anciano encerrado en una casa, que aseguraban era Zapata. Un corrido escrito en esos días da una idea de esta situación:


“Su cuerpo al fin sepultaron llenos de júbilo y gozo

y muchos, muchos lloraron por sus culpas y reposo. 
Pero su alma persevera en su ideal libertador
y su horrible calavera anda en penas, ¡oh terror!
Por las orillas de Cuautla flota una horrible bandera,
que empuña la calavera del aguerrido Zapata.
Tal constancia a todos pasma; de la noche en las negruras,
se ve vagar su fantasma por los montes y llanuras.
Se oyen sonar sus espuelas, sus horribles maldiciones
y, rechinando las muelas, cree llevar grandes legiones.
Extiende la yerta mano y su vista se dilata...
¡Recorre el campo suriano el espectro de Zapata!”




Calavera de Zapata (ilustración de José Guadalupe Posada)


El general Pablo González envió a la Ciudad de México al coronel Miguel Cid Ricoy, para que comunicara los hechos al presidente Venustiano Carranza. Inmediatamente se dio el boletín a la prensa. La noticia produjo verdaderas peregrinaciones rumbo a Cuautla con el objeto de ver el cadáver de Zapata. Se especuló en la Ciudad de México que el cuerpo iba a ser trasladado a la capital del país, pero no fue así.




En la prensa nacional se dieron algunos datos sobre Guajardo, diciendo que se había incorporado a las fuerzas revolucionarias el año de 1913, que había empezado su carrera como soldado raso y que sus ascensos se debían a su singular valor. De pronto, Guajardo era un héroe: aseguraron que en Saltillo, Puebla, Guerrero y el Estado de México tuvo participación en importantes combates y que siguió a la Revolución en todo su formidable avance desde el norte.



Los titulares de la época sobre la muerte de Zapata



Se afirmó que Zapata seria sepultado el lunes siguiente en Tlaltizapán, en un mausoleo construido por el propio Zapata para que guardara los restos de los firmantes del Plan de Ayala, mediante el cual Zapata había exigido "Tierra y Libertad".



El mausoleo era una sencilla tumba con numerosas gavetas, en las cuales podía verse el nombre de cada uno de los firmantes; allí reposaban ya los restos de Otilio Montaño, Eufemio Zapata y algunos otros zapatistas.



El funeral de Zapata





Se aseguró que en ese lugar debían quedar los restos de Emiliano Zapata. También que con la muerte de Emiliano Zapata quedaba desaparecido el zapatismo, y que muy pronto se restablecería la paz, pues ya quedaban muy pocas gavillas con las armas en la mano.



Las tumbas de Zapata, desde 1919 hasta la actualidad





Pero, contrario a lo que se esperaba, al paso del tiempo su figura fue retomada por pintores y escritores, su historia idealizada e integrada al panteón de la Revolución Mexicana, y su nombre utilizado para bautizar cualquier organización campesina.



Zapata fue el autor de la famosa frase “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”. Dolores Ibárruri "La Pasionaria" la popularizó, al lado de varias frases de Esquilo, en sus discursos durante la guerra civil española.



Tras el asesinato, Venustiano Carranza le concedió al traidor Jesús Guajardo el grado de General. Pero esa no sería la última vez que Guajardo demostraría su verdadera naturaleza.



Cuando el invicto general Álvaro Obregón, seguido por la mayoría de los generales y de muchos gobernadores, dio un cuartelazo y proclamó el Plan de Agua Prieta, Venustiano Carranza tuvo que huir. A medida que Carranza huía hacia Veracruz, acompañado de su Estado Mayor, el tren en que se trasladaba era asediado por las tropas leales a Obregón.






Venustiano Carranza


Y fue precisamente Jesús Guajardo, a quien Carranza había ascendido a General por traicionar a Zapata, quien ahora traicionaría a Carranza, lanzando una “máquina loca” (una locomotora sin gente, cargada de explosivos, que se estrelló contra uno de los trenes presidenciales y destruyó las vías férreas. Gracias a ello, Carranza tuvo que abandonar el convoy, huir a pie a través de la sierra de Puebla y llegar al poblado de Tlaxcalantongo, para finalmente ser asesinado también a traición a manos de Rodolfo Herrero. El corrido que se le escribió a Guajardo da cuenta de esta situación:


“Más hasta en eso se ve que su conciencia era poca,

pues él fue quien puso en pie lo de la máquina loca…”




El general Jesús Guajardo, tras Chinameca y Tlaxcalantongo


El último capítulo en la historia de traiciones de Jesús Guajardo ocurrió apenas dos meses después, el 2 de julio de 1920: se rebeló en la región de La Laguna contra el nuevo presidente interino, Adolfo de la Huerta.



Adolfo de la Huerta, Presidente Interino de México tras el asesinato de Carranza


Ante esta acción, el presidente De la Huerta, quien había instaurado una política de reconciliación, decidió mostrar su mano dura: Jesús Guajardo fue aprehendido poco después en Monterrey y sometido a un Consejo de Guerra. El hombre que traicionó y asesinó a Zapata, y que además contribuyó a la muerte de Carranza, no tuvo éxito en su tercera traición.



Representación de Guajardo en la película Zapata


Hallado culpable, Jesús Guajardo fue fusilado en Monterrey, Nuevo León. Su nombre, desde entonces, se convirtió en sinónimo de traición.



El corrido de Guajardo sentencia:


“Dura es la Ley, pero es Ley que no perdona al osado;

y el caso de Monterrey está bien patentizado.
Guajardo bajó a la tumba y con él irá González;
¡Que así la maldad sucumba! ¡Que así acaben los desleales!”






VIDEOGRAFÍA:

Videos sobre el asesinato de Emiliano Zapata (en español)
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BIBLIOGRAFÍA:









FILMOGRAFÍA:







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